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Jueves 2 de septiembre de 2010 - Actualizado 1:28 pm
La empresa, por nuevos caminos
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La empresa como motor de la economía es el sector más dinámico de la sociedad. De ser un gran mecanismo impulsado por el capital para la producción de bienes y servicios, regulado por leyes de contribución y retribución, poco a poco se ha transformado en un organismo vivo, conectado con su entorno social, y mirado no sólo desde el punto de vista del patrimonio o de las utilidades que produce para los dueños, o del punto de vista salarial para los trabajadores, sino como algo flexible y cambiante que mide su efectividad en términos de productividad y competitividad.

Del modelo tradicional de empresa jerárquica, piramidal, con estructuras, con un organigrama donde la autoridad se impone desde arriba y la comunicación es descendente, se ha pasado a modelos que buscan disminuir distancias, distribuir el poder, facultar a los empleados para que actúen con mayor autonomía, hacer que el liderazgo no sea de un grupo o elite, sino que se participe y democratice. Las estructuras centradas en el control, la presión y la mano dura son reemplazadas por aquellas en las que predominan la participación, la motivación y la autorresponsabilidad.

La empresa virtual, unida en sus procesos a otras empresas, con una información común a través de bases de datos interconectadas, abre paso a la creación de clusters o cadenas de empresas de valor, más aptas para la competitividad global, con un mejor aprovechamiento de los recursos y de las fortalezas de cada una de ellas para producir un valor agregado mayor que si continuaran trabajando aisladamente, lo cual es prácticamente imposible en el mundo de hoy. En ellas la creatividad y la innovación son una necesidad y se hacen posibles al compartir sin secretos ni barreras los descubrimientos individuales.

La tendencia que se abre paso cada vez con más fuerza es la de la empresa como una red de trabajo y una comunidad de aprendizaje y de práctica, donde todos enseñan y todos aprenden. En ella la persona y su crecimiento interior es lo más importante. Lo mismo que la formación de equipos inteligentes de trabajo a través de los cuales se fortalece el capital intelectual (saber y experiencia acumulados por la persona y saber y experiencia acumulados por la empresa) como la “suma de todos los conocimientos que le dan fuerza competitiva a una empresa” (Thomas Stewart).

Junto a la noción de capital económico adquiere mayor importancia el saber de las personas, e igualmente a lo largo de las últimas décadas ha cogido fuerza la noción de capital social como conjunto de “normas y redes que le permiten a la gente actuar de manera colectiva” (Woolcock Narayan), es decir, el entramado de relaciones que hace posible la acción de un individuo o de una empresa. Lo expresa la frase “No es lo que sabes sino con quien te relacionas” lo que importa. Noción que ofrece una riqueza de matices útiles para cualquier organización, haciendo siempre hincapié en la calidad de las relaciones y en la forma de actuar colectivamente.

Ha llegado a ser muy importante en la nueva dimensión de las empresas el concepto de cultura organizacional como la particular visión que cada empresa tiene de la estructura organizativa, de la persona y del trabajo, estrechamente vinculados con los principios, valores y creencias que se viven en ella, y que se convierte en un sistema que orienta la acción de sus miembros.

En esta concepción la visión sistémica de la empresa como un todo en el que cada parte tiene una vinculación directa con los resultados globales permite superar la visión lineal de causa y efecto por algo donde la complejidad permite un mejor conocimiento de la acción conjunta.

Las empresas y corporaciones tienen un papel importante que jugar a través de lo que se ha llamado la ciudadanía corporativa, es decir, su presencia en la sociedad civil, a través de su compromiso con el entorno social, lo que se llama responsabilidad social de la empresa, que no puede ser algo vago o de moda pasajera, sino una serie de compromisos acotados y precisos para dar respuesta eficaz a las necesidades inmediatas de la sociedad, de la comunidad que toda organización debe ayudar a construir.

Se impone una acción más responsable de las empresas frente a su entorno social, sin que eso signifique que la empresa pase a ser responsable de todo lo que ocurre en la sociedad.
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