Diplomacia con sentido social
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Jorge Emilio Sierra Montoya
Director Diario La República
Bogotá
La Gran Bretaña –o el Reino Unido, si les parece- es reconocida en el mundo entero, sobre todo en Europa, por su liderazgo en el tema de responsabilidad social empresarial, sobre el que parece haber adoptado una política nacional, de Estado.
Pero, ¿a qué se atribuye este liderazgo, a todas luces envidiable por cualquier país? Ante todo, al hecho de tener un ministerio a cargo del mismo, el de Comercio por más señas, o un viceministerio –como diríamos en Colombia- dedicado con exclusividad a la RSE, nada menos.
Esa es una prueba contundente, irrefutable, de la importancia que el gobierno británico le concede al tema en cuestión y, por tanto, a la responsabilidad social empresarial del sector público, no sólo del sector privado, con el cual se requiere sin embargo –al decir del embajador del Reino Unido en Colombia, John Dew- trabajar en estrecha alianza.
En efecto, el diplomático admite que quien lleva ahí la iniciativa son empresas privadas, las cuales suelen ser las de mayor innovación en tal sentido, pero el Estado –observa- no debe permanecer al margen por razones que saltan a la vista.
Baste mencionar sólo dos, a modo de pruebas: la primera, por su amplia burocracia, lo que representa un enorme impacto social de sus programas; y la segunda, que es un gran comprador de bienes y servicios, con las compras estatales, lo cual exige transparencia y equidad en sus operaciones, al igual que entre proveedores, clientes, comunidad, etc.
“Por ello, la RSE debe alcanzar buen nivel en el sector público, tanto como el privado”, dice mientras subraya que en su país las más grandes compañías, como los bancos, han desarrollado políticas de auténtico compromiso social con sus grupos de interés, no sólo con sus empleados.
“El Estado debe actuar en forma responsable”, insiste.
La triple alianza
Siempre en alianza –subraya- con las empresas y, en éstas, con los propios sindicatos, a la luz de una auténtica concertación (para expresarlo en los términos consagrados en la Constitución de Colombia, si bien acá –valga anotarlo- dicho propósito se queda por lo general en letra muerta).
Y agrega, con la autoridad de quien domina el tema propuesto en las esferas oficiales: como el principal objetivo del Ministerio de Comercio es promover la competitividad del Reino Unido en su totalidad, se requiere la participación armónica, coordinada, del gobierno, las empresas y los sindicatos, a manera de socios.
Cada uno, sí, aporta cuanto le corresponde. Al gobierno, por ejemplo, la reducción de trámites; a las empresas, su responsabilidad social en programas de capacitación, con las comunidades y el medio ambiente; y a los sindicatos, sin permanecer al margen de este proceso, ni mucho menos ir en contravía de sus empleadores, naturalmente en el marco de una alianza entre capital y trabajo.
Y que las empresas respeten los derechos laborales, claro está.
En Gran Bretaña –anota-, las principales industrias, con el pleno respaldo de sus juntas directivas, destinan cuantiosos recursos a proyectos sociales, incluso con la designación de personal especializado, al más alto nivel, para su seguimiento y ejecución.
Tal es el caso, entre otros, de firmas petroleras, algunas de las cuales tienen presencia en Colombia (“somos el segundo país con mayor inversión acá, luego de Estados Unidos”, comenta con notoria satisfacción), por lo cual cuentan a su haber con amplia experiencia en programas de desarrollo social.
La British Petroleum, verbigracia, ha capacitado a numerosos colombianos, tanto que en la actualidad es la representación extranjera más amplia en su personal a escala mundial, en ocasiones con cargos sobresalientes, directivos, en reconocimiento a su calidad.
Responsabilidad social con sus empleados, en fin.
Y la crisis, ¿qué?
John Dew, a propósito, es experto en asuntos financieros, con el correspondiente título académico a disposición. Por ello sería imperdonable no abordar la crisis económica y, en especial, el impacto que ésta tiene sobre la responsabilidad social empresarial.
Según afirma, es previsible que en el recorte de gastos en las empresas -“una obligada reacción ante la crisis”- caigan también los gastos sociales, en proyectos de RSE, pero esto sólo sería en el corto plazo.
A largo plazo, en cambio, se les debe dar más énfasis a las cuestiones ambientales, a la relación con sus proveedores, a la forma de hacer sus productos, a su comportamiento y, en definitiva, a cómo ser responsables en sentido estricto.
Es lo que ya está sucediendo, señala. Y explica: en el Parlamento inglés, banqueros han sido puestos en el banquillo como culpables en alto grado de la crisis al haber asumido riesgos excesivos con dinero del público -“dinero en cantidades astronómicas”-, hasta provocar cuantiosas pérdidas.
Se les acusa, entonces, de ser irresponsables en sus negocios y en su modo de hacerlos, a pesar dizque de tener programas de responsabilidad social empresarial, por absurdo o paradójico que suene.
De ahí que considere, con los pies en la tierra, que la RSE saldrá fortalecida de la crisis al exigirse una actitud más sana, más responsable, de los empresarios privados, quienes deberán hacer gala de respeto a los valores éticos, de transparencia en sus operaciones y de no dejarse llevar sólo por el afán de rentabilidad, sin importar su compromiso social.
Acusa, sin pelos en la lengua, a bancos que en Estados Unidos vendieron hipotecas para la compra de casas a personas octogenarias, ¡quienes tenían hasta veinte años de plazo para pagarlas!, -“una irresponsabilidad total”,- como acusa a sus similares británicos por otorgar créditos a sus anchas, sin ningún control, sin que sus deudores tuvieran la menor capacidad de pago.
Y ni para qué hablar de los novedosos productos financieros que ni siquiera entendían las entidades de regulación. “Este tipo de inversión irresponsable está quedando atrás”, sentencia.
No al proteccionismo
Al término de su diálogo con RSE de LA REPUBLICA, el embajador británico, John Dew, reconoce que la crisis económica puede acentuar los problemas sociales en países como el nuestro, desde la pobreza y el desempleo hasta la misma violencia, por lo cual no se cansa de reclamar que las empresas se abstengan de recortar su inversión social, pensando en el largo plazo.
Y censura, para concluir, “la tentación proteccionista” frente a la crisis, admitiendo de antemano que este remedio puede ser peor que la enfermedad, como ocurrió en la Gran Depresión de los años treinta.
A su modo de ver, el nacionalismo económico que ahí se manifiesta, cerrando puertas al libre comercio que tantos beneficios ha traído a la economía mundial, puede perjudicar en mayor grado a los países atrasados, como Colombia.
“Hay que resistirse a esa tentación”, plantea en un tácito cuestionamiento a las políticas del nuevo gobierno de Estados Unidos (“compra estadounidense”, lema del Presidente Obama) y haciendo eco a la enérgica actitud británica aún en la propia Unión Europea.
La suya es una diplomacia con sentido social, sin duda.
Cómo ejercer el liderazgo
Para el embajador del Reino Unido en Colombia, John Dew, la responsabilidad social empresarial consiste ante todo en asumir una actitud responsable en las empresas, en que éstas cumplan la ley pero incluso vayan más allá de los mínimos requisitos legales en sus operaciones, y en seguir principios claros, relacionados con la sostenibilidad, por los distintos negocios, cualesquiera sean. En su concepto, es también una manera de ejercer su liderazgo, como vienen haciéndolo –explica- importantes firmas británicas en Colombia a través de diversos programas sociales en educación, salud, vivienda, medio ambiente y capacitación de los empleados, entre otros que permiten mejorar la calidad de vida de los llamados grupos de interés o “stakeholders”. La RSE en cambio –observa en tono crítico- no puede reducirse a una campaña publicitaria en la que se invierten enormes sumas de dinero cuando a veces, en la práctica, no hay responsabilidad social.
“La RSE es un buen negocio”
El diplomático admite, sin embargo, que cada día las empresas descubren más ventajas, aún económicas o comerciales, por ser socialmente responsables. Es un buen negocio, mejor dicho. De ahí –explica- que la RSE se empiece a extender a todo lo largo de las cadenas productivas, incluidos por ejemplo los proveedores, con quienes se habrán de establecer nuevas relaciones para garantizar que también respeten los derechos laborales y protejan el medio ambiente, sin ser culpables por tanto de la contaminación que puede contribuir, a su vez, a fenómenos tan graves como el calentamiento global. Más aún: según él, cuando una empresa negocia con proveedores que contaminan, termina siendo culpable de la misma contaminación y, por consiguiente, puede ser blanco de la censura social, hasta de demandas judiciales y, en definitiva, de sanciones en el mercado, igual que cuando viola derechos de los trabajadores que están consagrados en la legislación doméstica a partir de convenios suscritos por los Estados a nivel internacional.
Una alianza estratégica
El embajador Dew destaca, en particular, la alianza entre la Cámara Colombo-Británica y el diario LA REPUBLICA alrededor del proyecto informativo sobre RSE, en el que se han expuesto los programas sociales de varias empresas afiliadas a dicha organización. Y claro, celebra que ahí, en la Cámara binacional, se tenga un proyecto propio, llamado “Lazos”, que exalta precisamente a las compañías con mayor responsabilidad social, en forma similar –agrega- a lo que se hace en su país, también en franca competencia entre los aspirantes al galardón. Recuerda, a propósito, otro proyecto local que reconoce a las mejores empresas para trabajar, tanto extranjeras como nacionales, en cuya reciente entrega se reunieron más de mil personas, empleados en su mayoría, en reconocimiento a varias iniciativas en educación, capacitación y responsabilidad social, fundamentales para elevar la productividad laboral y, en consecuencia, la competitividad empresarial.