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Jueves 2 de septiembre de 2010 - Actualizado 1:14 pm
Fundación Dividendo por Colombia
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Bogotá. 
Jorge Emilio Sierra Montoya
Director Diario La República
Bogotá

Ese nombre “Dividendo por Colombia” identifica a una de las fundaciones líderes de la responsabilidad social empresarial en el país, cuyo modelo recibe reconocimiento aún a nivel internacional.

Con sus diez años a cuestas, promueve la responsabilidad social de las empresas y, en especial, de sus empleados. Pero, ¿qué hace para haber alcanzado ese liderazgo? O, mejor, ¿cuál es su modelo al respecto? En realidad, es bastante simple: los empleados autorizan ciertos descuentos de sus salarios, por nómina, y las empresas dan una contrapartida igual, duplicándose los aportes que se destinan, finalmente, a programas educativos.

¿Cuáles empresas? Son más de cien (110, para ser exactos), mientras que el número de empleados asciende a 18 mil en diferentes ciudades del país.

Los aportes, a su vez, llegaron el año pasado a cerca de $4 mil millones, cifra a la que se deben sumar mil millones más para proyectos especiales, según informa la directora de la entidad, María del Rosario Sintes, ex ministra de Agricultura y de Comunicaciones.

¿Se trata, pues, de donaciones? A simple vista, sí, pero no pueden confundirse con una acción filantrópica, dado el alto impacto social de tales proyectos, los cuales se ciñen, además, a un proceso, del que ella explica a continuación los detalles. Veamos.


El foco educativo
El primer paso es identificar las principales necesidades, en ocasiones con el apoyo de universidades y de organismos oficiales como las secretarías de Educación.

Luego, y tan pronto la fundación “focalizó” su responsabilidad social en los problemas educativos (lo que sucedió hace alrededor de cinco años), se pasa a trabajar con el sector público en programas de verdadero impacto en el país, como tiene que ser.

Se trata, en fin, del impacto social que hoy se exige en las más modernas concepciones de la RSE.
Sin embargo, ese no ha sido el único cambio de Dividendo por Colombia al orientar sus recursos, de veras cuantiosos, a la educación, dado su gran impacto social. No. Según su directora, la mayor parte de la actividad es con el sector público, no con otras ONGs, a diferencia de lo que hacen múltiples fundaciones similares.

Ello le ha permitido a la entidad aumentar el número de beneficiarios, más de sesenta mil niños cada año en las ciudades de Bogotá, Medellín y Cali, “porque nuestra política –dice- es invertir donde se recauda”.

El foco, entonces, es la educación. Y es ahí, para atender a población infantil de escasos ingresos, donde el sector público y el privado (este último a través de las empresas y sus empleados) se unen en aras de resolver tales problemas con proyectos específicos, de los que conviene mencionar algunos.
La lista de proyectos es larga, claro está.


Niños de extredad
La “extredad”, por lo visto, es una edad superior a la que normalmente se tiene al hacer un curso escolar, de modo que, por ejemplo, un niño curse primer grado básico no a los siete años sino a los doce o quince.

Ese problema, de niños con extredad, no sólo es bastante común en nuestro medio sino que de tiempo atrás ha sido ignorado, sin que hace varios años se le identificara como un grave asunto social de enormes repercusiones negativas en el futuro, aún en la vida laboral, empresarial.

Por ello, Dividendo por Colombia trabaja con secretarías de Educación en un proyecto de aceleración del aprendizaje, el mismo que ha permitido resolver dicho problema con resultados concretos: ¡niños de 15 años, que estaban en segundo de primaria, en sólo diez meses lograron saltar al grado sexto!

En esta forma ha atendido a cerca de diez mil infantes, quienes pueden ponerse al día en su formación escolar, recuperando el tiempo perdido.

El problema se cortó de raíz, mejor dicho. O la solución no se fue por las ramas, que es igual. Al fin y al cabo los niños afectados, muchos de ellos víctimas del desplazamiento de sus familias por la violencia, no sabían leer y escribir, ni por ende podían ser objeto de nivelación escolar, siendo indispensable la citada ayuda en materia de aprendizaje.

Universidades como la Javeriana se vincularon desde un principio al proyecto, con los aportes científicos y técnicos indispensables para permitir tales resultados.

Y como vivimos en la sociedad de la información y del conocimiento –explica-, no actuar así es garantizar la exclusión de por vida, sinónimo de la peor injusticia social.


Modelo para imitar
Otro proyecto tiene que ver con mejoramiento de competencias en lectura y escritura de los niños, particularmente por la dificultad para la comprensión de lectura, que genera, a su turno, problemas futuros en el marco de una total inequidad.

“Si el niño no comprende, el adulto no será un buen empleado ni un buen ciudadano”, sentencia la funcionaria, quien tuvo a su cargo dos ministerios en distintos gobiernos, donde puso a prueba su capacidad de servicio social.

Los hechos, por fortuna, le dan a diario la razón. Hace poco –recuerda-, durante un acto donde la Alcaldía de Bogotá lanzó su plan sectorial de educación, el primer punto de éste era precisamente el de lectura y escritura, con los mismos lineamientos trazados en su fundación.

No es de extrañar, por tanto, que más ciudades se quieran sumar a tales proyectos, que ya se reciban aportes de empresas y empleados de distintas regiones en compañías con cobertura nacional, y que Dividendo por Colombia, bajo la dirección de María del Rosario Sintes, sea líder de la responsabilidad social empresarial en el país, incluso con prestigio mundial.

Prueba de ello son los premios recibidos al cumplir la entidad diez años de existencia, como la Orden Simón Bolívar del Ministerio de Educación y la Orden Porfirio Barba Jacob de la Alcaldía de Medellín, para mencionar sólo dos.
Un modelo digno de imitar, sin duda.


Apoyo internacional
Una cuarta parte de los recursos de Dividendo por Colombia son de origen externo, a manera de cofinanciación, para proyectos específicos. Tal es el caso, entre otros, de los aportes que le hace Procter & Gamble, los cuales van dirigidos a un proyecto educativo para la primera infancia en Bogotá, considerado piloto.

En general, se vinculan firmas extranjeras, relacionadas con las nacionales que apoyan a la fundación, por lo general a través de sus fundaciones, como la del Citigroup que desde hace cinco años respalda un proyecto de educación financiera para niños de grados décimo y once.

Así las cosas, los recursos son crecientes, en alza permanente, pero también con un manejo eficiente, sostenible en el tiempo, prueba del indispensable manejo gerencial de la RSE, a partir de su propia junta directiva.
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